2021 8M De nosotras para nosotras
LECTURA DLE MANIFIESTO POR PARTE DE MUJERES DEL MUNDO PINK:
https://youtu.be/43yIDKwsxnA
8 de marzo 2021
OTRO AÑO MÁS…
Otro año más de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres y otro año menos que nos queda para llegar a la igualdad real. No podemos permitirnos lo contrario. Pero es que tampoco queremos permitirlo.
Y sin embargo, aunque poco a poco todes vamos despertando de ese letargo en que nos criamos sumidas en roles de género tóxicos y destructivos, el camino por delante sigue siendo largo y difícil.
De hecho, nunca ha sido sencillo. Desde el inicio de los tiempos, para cualquier mujer que quisiese escribir su propio futuro en “una habitación propia”, todo han sido impedimentos. Y cuando no de forma clara y contundente de formas sibilinas y maquiavélicas.
Pero no voy a enfocarme en las siempre presentes divisiones de criterios en el argumentario pasado o presente, en describir conceptos complejos o reproducir sesudos análisis académicos en este manifiesto concreto.
Este manifiesto de Rcr19 quiere conmemorar la lucha de las mujeres por su derecho a ejercer las libertades propias a cualquier vida digna. Viene a repetir las veces que haga falta que las mujeres tienen derecho a ser libres, tienen derecho a romper con sus propias creencias, tienen derecho a unirse, a respetar y ser respetadas y a buscar un mundo más justo donde cada cual pueda realizarse en lo laboral, en lo personal y lo social, a su propia manera.
Siempre que llegan fechas de este tipo solemos embarcarnos en reivindicar una lucha histórica lo más llamativamente posible. Desde hace unos pocos años, el 8 de marzo concretamente, ha sido una fecha que en muchos países nos ha congregado a muchísimas mujeres en amplísimas manifestaciones.
Este año el COVID no permite que demos visibilidad con un volumen determinado de personas en la calle y esto debe llevarnos inexorablemente a una reflexión: como mujeres, feministas, luchadoras, que creemos firmemente en las ideas de igualdad, solidaridad, comunidad, educación, realización, cooperación, etc.
¿Cómo llevar nuestra vindicación lo más lejos posible y con la máxima potencia este 2021?
No puede llegarse a conclusión alguna sin mirar hacia atrás, ergo quiénes fuimos para decidir quiénes queremos ser este año todas nosotras.
¿Quiénes aguantaban las pancartas años atrás? ¿Quiénes podían tomarse el día para llevar a cabo las manifestaciones de un modo u otro que considerasen oportunas? ¿cómo muchas de nosotras aprovechábamos ese día para llenar las redes sociales?
Porque en las fotografías, al menos las de nuestro pueblo o nuestros pueblos cercanos (pueblo como grupo social no como límite municipal), eran mayormente mujeres con algún detalle o muchos de color lila “selfiándose” a si mismas o a sus compañeras. Máxime a la marabunda toda homogéneamente customizada.
Y buscas y encuentras, claro, a todo tipo de mujeres en los millones de imágenes que llenan internet ese día pero…
En primera fila me faltan las hermanas negras, me faltan las hermanas norafricanas, me faltan las hermanas de cada confín de la inmensa Asia. Me falta lo que nos hace ricas que es precisamente ser una siendo todas distintas. Me faltan rostros cansados y curtidos por el frío de las más altas cumbres del planeta. Me falta escuchar sus voces, sus ideas, sus reclamos.
Siempre han faltado voces hermanas. Habremos de reconocerlo antes o después ya que mientras una sola mujer siga pasando por lo que pasó en aquella fábrica que ardió lena de nuestra propia sangre, nada está conseguido.
No sé cómo escribir esto sin ser paternalista o que mis privilegios sobre salgan por doquier.
Quizás lo único que puedo decir es que nos faltan muchas cosas por decir, pero no a todas por igual y quizás este año, donde no podrá ser la imagen de una multitud la que llene las redes sociales, quizás podamos llenarla de la realidad de todas las que no tuvieron, tampoco antaño, la posibilidad de manifestarse.
Recordad el mito del humo morado que salía de la fábrica a la que metieron fuego con las trabajadoras dentro y recordemos que a penas hace días, humeantes aún, han ardido hermanas africanas traídas como esclavas a recoger nuestra fruta en nuestro propio pueblo. Han ardido hermanas indias en las fábricas de Bangladesh dónde se cosió tu camiseta “feminista”. Arden a diario los cadáveres apaleados y torturados de nuestras hermanas en las autocracias como Sudán o Irán o Arabia. Cada día, nuestras hermanas trans son torturadas, violadas y asesinadas. Cada día a nuestras hermanas un propietario le niega un alquiler de una vivienda o el acceso a un puesto de trabajo porque tienen, quizás, la piel y el pelo un poco más oscuro de lo que le parece tranquilizante. Hay hermanas jóvenes que se han visto despojadas de su humanidad para ser zombies de una pantalla que la cosifique y la torture con cada notificación. Hay millones de mujeres que ya no pueden trabajar, su cuerpo ha envejecido, y siguen esclavas, de su casa o del sistema. Ya no sin futuro si no sin un presente ya que ni derechos laborales se les reconoce.
Hay mil incendios encendidos, cada día muchos humos a los que prestar atención que muestran hogueras alimentadas con los derechos humanos básicos de las mujeres.
Sí, son problemáticas distintas. Además, todas ellas de nuestro entorno. Hay infinidad de problemáticas que sin querer silenciamos como las luchas feministas ecologistas en los lugares claves del planeta (África, SurAmérica, Nueva Zelanda…), las luchas feministas multiculturales (por la reivindicación de cada una de las formas de ser mujer de forma digna en los diferentes lugares de la tierra sin renunciar a las raíces), las distintas luchas feministas, cada cual, o por desgracia, en una casilla diferente. Algunas tan atrás que tienen que reivindicar a escondidas y bajo pena de muerte simplemente el derecho a vivir naciendo mujer.
Sé, y lo sé por experiencia, que toda mujer feminista es activista contra toda esta ristra de vergüenzas de la humanidad. Y no un día, si no cada día de su vida. He podido constatar la labor constante e incansable de educación y acompañamiento que hacen todas ellas a quién quiera oírlas y sumarse a su lucha. Todas y cada una de las mujeres feministas son UNA. Somos UN CUERPO QUE PROTEGER. Somos UN FUTURO QUE CONSEGUIR.
Pero a veces se nos olvida que hay mucho más allá de nuestra propia experiencia. Y ese cuerpo que se jacta de lo fuerte que es el brazo no nota que se desangra por la pierna.
Obviamente hay algunas causas más urgentes q que otras, y esas además, suelen ser globales, pero no olvidemos que sin conseguir tumbar TODAS ellas seguirán quedando mujeres sometidas.
Como aquellas mujeres que podían votar e influir en el poder mientras, en sus propias casas, había mujeres sirviendo para permitirlo.
O como aquellas mujeres que legalizaron la píldora anticonceptiva pero estaban rodeadas de mujeres para las que la única ley no era la escrita si no la del dogma que manejaba su familia.
O como aquellas mujeres que hoy luchan sin cuartel por alcanzar nuevos hitos nacidos del ciberespacio y la globalización (siempre del y para el mundo rico) olvidando que para dar según que pasos siempre tuvimos que sacrificar a algunas. Con cuyos huesos, sueños y futuros construimos el puente por el que atravesábamos.
Siempre hubieron debates internos en todos los movimientos, imaginemos pues ¿cómo podía el feminismo escapar de ello? cuando de hecho es en el debate y en la suma donde encontramos cada vez un horizonte más amplio donde estemos todas representadas.
Se hace muy duro, aun sabiendo esto, vivir las encarnecidas discusiones internas porque supongo que el feminismo ha sido para muchas no sólo una forma de redescubrirnos y de vivirnos como seres libres, si no también una salvación, con todas las letras, nos ha salvado la vida.
Ahora bien, como siempre, las emociones no son buenas consejeras (y lo dice una feminista neurodivergente, una feminista bipolar).
En épocas como la actual, rodeadas como estamos de poderes facticos que no quieren permitir cambio alguno en el status quo, el veneno se nos va a inocular des de los lugares menos esperados. Eso sí, fijaos que se va a atacar siempre el mismo valor con la misma arma.
Cuando digo “siempre” me refiero, por ejemplo, que en la época sufragista la misma arma, que sutilmente entra hasta el tuétano, fue utilizada para destruir el mismo valor. (Revisad el debate entre Campoamor y Kent).
Misma arma en el debate sobre la libertad sexual y reproductiva que trajo de su mano la píldora anticonceptiva, y por supuesto, mismo valor atacado. (Veáse los debates no sólo religiosos si no éticos).
El arma de la misoginia. El valor de la sororidad.
Y es que es muy fácil estar pendiente del machismo. Incluso en sus formas más sutiles es muy fácil percibirlo en las aberraciones en el lenguaje, el humor, la publicidad, etc.
Todos y todas nos reconocemos machistas, algunos (demasiados) reaccionarios orgullosamente ya que luchar contra ello es “cambiar nuestra forma de ser y vivir, nuestro orgullo patrio” (recordemos que el fascismo siempre ha estado tras la sombra que no vigilábamos), otros porque hemos aprendido que en un sistema estructuralmente machista, esto es, el patriarcado, es imposible huir de los roles de género y no cometer actos machistas de forma automática en un aprendizaje que probablemente siga con nosotros hasta el fin de nuestros días.
Pero muy pocos y pocas, incluso de los más conscientes de esta realidad estructural, están dispuestas a admitir que además del machismo, o precisamente por el patriarcado, el sistema machista en si mismo, en que nacemos: TODAS SOMOS MISÓGINAS.
De hecho, démonos cuenta de que de no ser así no sería necesaria la existencia de la sororidad, por ejemplo.
La misógina es, probablemente, la práctica más extendida entre hombres (individuos) Y SOBRE TODO entre mujeres (individuos) para con la mujer (concepto).
La misógina es el odio, el rechazo, etc. a las mujeres. Pero es también, y esto es lo que más nos sangra, la falta de confianza en ellas.
Es aquel lastre que todos y todas, sobre todo, llevamos tan interiorizado y que hace que, por ejemplo, demos más credibilidad de forma inconsciente a un periodista que a una periodista, que nos riamos con un humorista pero no con su compañera, que exijamos un nivel de rendimiento diferente a un cantante que a una cantante.
Ese punto de desconfianza de base en las demás mujeres es lo que nos divide y nos ha dividido históricamente, es aquello que intentamos contrarrestar con la sororidad y, por ello, es peligrosísimo no darnos cuenta de que, como hemos hablado muchas veces, un cerebro normal que es bilógicamente incapaz de asumir toda la información que recibe y se sirve de sesgos cognitivos no va a hacer de forma automática el esfuerzo de evitar dar veracidad a nuestras convicciones previas. Es decir, va a buscar siempre confirmar lo que ya previamente estaba dispuesto a asumir. No lo dejaremos de hacer de forma natural. Eso no va a pasar. De hecho, cada vez, ¡CADA VEZ!, que una mujer hable, por ejemplo, debo revisar como recibo esa información con el fin de ser lo más consciente posible de cuanta de mi parte irracional está incidiendo en qué información recibo, cómo y qué hago con ella.
Del mismo modo que entendemos perfectamente la egolatría con que el patriarcado visto a los hombres por el hecho de serlo, lo primero que debemos entender a la hora de enfrentarnos al feminismo COMO MUJERES y decidir ser activas y proactivas para luchar por un nuevo futuro, es aprender a oír esa pequeñísima y lejanísima campana que suena para alertarnos de una carencia/creencia/prejuicio emocional o de ego. Esto es, debemos estar a abiertos a comprender que todos y todas estamos condicionados por nuestra cultura, experiencia, familia, sociedad actual… y eso incluye la cultura, experiencia y sociedad de mi infancia, mi juventud y también la de ayer y la de hoy.
No se trata de pasar de un número a otro en el tapete de juego en que hemos convertido la vida y pensar que voy a ganar apostándolo todo a un solo número. No es pasar del 4 rojo al 17 negro. Es ser conscientes de que el juego es un riesgo inasumible, sobre todo si entre las cosas que nos jugamos están nuestra dignidad, libertad y futuro. Poder dejar de vivir en la idea de ganar o perder y trascender a esa mesa de macabro juego para poder ir más allá. Sacar los números del tapete, de la ruleta, y verlos como son, entes todos y cada uno que nos enseñan algo y entre los que debemos aprender a movernos con seguridad siendo muy conscientes de que fórmulas nos hacen mejores y cuáles nos destruyen.
Es imprescindible, exactamente igual que se lo exigimos a los hombres, cuando nos enfrentamos al feminismo, despojarnos de creencias anteriores e intentar partir de un punto de vista lo más en blanco posible.
Incluso sin perder de vista que el feminismo es un movimiento político que surge de la desigualdad histórica entre mujeres y hombres. Esto es, no las posibles desigualdades que entre individuos pueden darse de aptitudes o capacidades de un tipo u otro, si no las desigualdades que se perpetúan en un sistema que llamamos Patriarcado y que no tiene razón objetiva alguna (como ya demostraría Simone de Beauvoir en “El segundo sexo”) si no que se da por el mero hecho de nacer hombre o nacer mujer.
Es innegable sin embargo, que hay más de una velocidad en esta carrera por la igualdad.
Esto no quiere decir en absoluto que el feminismo enfrente (como no lo hace a hombres contra mujeres si no la idea de “hombre” contra la de “mujer”) a las mujeres según sus diversas casuísticas, antes al contrario, derrocar el sistema de creencias, ideas, procesos sociales, marcos legales, etc. que colocan al hombre (como concepto) en un lugar de privilegio ante la mujer (como concepto) debe hacernos recordar que todos esos ítems son diferentes para todas nosotras, mal que nos pese, según dónde hayamos nacido, nuestro color de piel y SOBRE TODO según la clase social en que se nos enmarque.
Y es que aquí radica la clave que debemos enfrentar, nos guste o no, todas y cada una de las mujeres y entidades que hace uno, dos o tres años pudimos salir a la calle a manifestarnos. Clave que ya no podemos seguir obviando. LA DIFERNECIA DE CLASE.
Así pues, mujeres, este año proponemos callarnos, ser humildes y poner la luz y la fuerza en las causas de todas.
La primera urgencia es romper con nuestra propia misoginia por lo que proponemos escucha activa y sin jerarquías mentales que nos coloquen más arriba o más abajo que a otra mujer.
No, quizás esa mujer no ha leído tanto como tú. No se le ha acercado ni por asomo la posibilidad de tener una formación reglada. Quizás esa mujer no sabe como se llaman las autoras de cabecera o no qué se hizo en un determinado año o un determinado país o una determinada realidad.
Y aun así es mujer. Es algo que no necesita que nadie le explique. Tiene su experiencia como parte de ese grupo de población que siempre fue oprimida, ridiculizada y ninguneada en el mejor de los casos y deshumanizada y despojada de cualquier brizna de dignidad habitualmente.
En el culmen de neoliberalismo más exacerbado hemos perdido demasiadas veces de vista que las clases siguen existiendo y con ello, o quizás por ello, hemos perdido absolutamente esa parte de pensamiento crítico que queda “fuera del mercado” para que podamos distinguir correctamente derecho fundamental de necesidad/deseo artificialmente creada o libertad de elección de falsa-libertad para elegir si quieres sobrevivir con las opciones que te dan y sin que el sistema se resienta.
¿El feminismo pues deja de hablar de “mujer” para hablar de “clase”? JAMÁS. Lo que no debemos olvidar es el uso torticero que el patriarcado hace para convencernos de que el camino a recorrer pasa por un lugar concreto cuando pasa por tantos lugares como voces de mujer existen.
Un camino que el hombre ha construido sometiendo a sus semejantes y particularmente a sus semejantas, y que la mujer no puede reproducir.
No podemos buscar la igualdad y la justicia en ser como los hombres (concepto) donde la meta justifique la barbarie. No podemos buscar la justicia en ser como los hombres esclavos de la competición tóxica que les mantiene siempre en perpetuo enfrentamiento.
La igualdad y la justicia en el feminismo no fue jamás mimetizarse con el poder si no derrocarlo y reconstruirlo con todo lo bueno que todas las personas podemos aportar. Particularmente todo aquello que nos hace mujeres y que nos ha aportado la experiencia con la esclavitud a lo personal, el conocimiento experto de cómo son unos buenos cuidados y proporcionárselos a la sociedad por ejemplo. La capacidad empática, pero desde la libertad de no depender ni ser dependiente de ninguna otra persona. La humildad que es saber que no lo sabes todo y te permite por ello mejorar y esforzarte constantemente para ir siempre un paso más allá. Darle la vuelta a nuestras cadenas para convertirlas en las alas de una sociedad mejor.
Con la mano en el corazón, ¿eso era visible en las manifestaciones? ¿estábamos todas? ¿permiten nuestras consignas que oigamos los gritos de nuestras hermanas? ¿estamos hoy dispuestas a bajar las espadas en el feminismo para sacarlas contra el patriarcado todas unidas?
Este año quiero poner en valor el valor crítico del feminismo. La frescura en la mentalidad del odio que supone partir de una actitud amorosa con nosotras, con nuestras hermanas y con La Tierra. Quiero recordar que no se consigue nada sin lucha. Sin pelear con todo, hasta con los dientes. Y precisamente por eso, no se consigue nada si malgastamos las energías en caer en las trampas del sistema.
No olvidemos que el feminismo siempre existió, incluso cuando sin nombre aun mujeres como Hipatia fue despellejada por no renunciar a pensar, aprender y enseñar o cuando la madre Hutton seguía con su ciencia a pesar de que la llamaran bruja.
El feminismo es justicia social y esa es la única clave de la supervivencia de la especie puesto que la justicia es un valor que de interiorizarlo influye en todo, en como me relaciono con la otra, con el otro, con el planeta…
El feminismo es un proyecto de futuro justo y necesario y es por ello que os animo a todas mis vecinas, que comparten conmigo un espacio y un momento en el universo infinito, a que bajemos la voz, que levantemos la vista. Qué recuperemos lo que nos hace invencibles, la sororidad y el espíritu crítico para luchar por un mundo en que la igualdad real exista y todas las personas que por el hecho de nacer ya quedan fuera de la carrera, puedan esforzarse hasta cruzar la meta siendo la mejor versión de si mismas sin un sólo handicap impuesto por el Hombre.
Míriam Pasalodos Vaya Presidenta CD RCR19